Yo Escritora
- Antonela Nioi
- 17 ago
- 2 Min. de lectura

Siempre me gustaron las letras. Recuerdo una escena dónde siendo pequeña, sentada en el piso de mi casa, leía mi primer libro (era un libro que tenía mucho amarillo en su tapa y sus dibujos internos). “¿Ya lo terminaste?” Preguntó mi mamá sorprendida por lo que había pasado. Me había tomado muy poco tiempo leerlo de inicio a fin. Desde entonces, aunque las abandoné algunas veces, ellas siempre estuvieron ahí.
A los 12 años, apróximadamente, con mis primeros amores aparecieron mis primeros poemas. Tuvo su influencia la palabra de una catequista que en algún momento dijo: “Ustedes que son adolescentes, poco a poco van a ir escribiendo sus poemas…”, como si estuviera describiendo las cosas que nos iban a pasar en la medida que hagamos la travesía del dolor corporal que significa crecer y dejar de ser niños. Como cumpliéndose la profecía de “Sandra”, mi primer cuaderno de garabatos y versos iban dedicados enteramente al amor y al dolor. Entonces, escribiría cosas que (tiempo más acá) para mi sorpresa, ya dejaban leer los rasgos de un estilo profundo. Sin embargo, llegaría la noche oscura del alma y con la entrada de lleno en la adolescencia, algo quedaría adormecido en mi interior.
Me dediqué a leer...leer...leer...me llené de todos los libros que pude. Si no podía escribir, al menos leer para sostenerme en un contexto que pocas veces comprendí pero al que le puse siempre buena cara con la esperanza de que algún día podría volver a despertar.
Hace dos años que ese fuego se reavivó en mi como una zarza ardiente. Casi como un procedimiento alquímico, como si todo este tiempo algo se hubiese estado transformando para este momento. Gracias a Daniel Pérez Küchmeister (untalperez) (una persona maravillosa que la vida me permitió encontrar sin quererlo pero además, un escritor de la hostia que creyó en mí y me acompañó a investigar) hoy empiezo a hacer de esa escritura que me habita, una realidad material. Edité mi primer poemario, me animé a enviar mis primeros trabajos a certámentes importantes, y sigo… Como escribí en mi cuarto libro que está en curso: “Ahora que las letras me hacen de colchón,| la muerte ya no me sorprende”.
Yo siento que las palabras me salvaron del letargo espiritual. Así de poderosas son.
💜
Anto
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