Cuando nos aferramos al dolor porque el deseo nos da miedo
- Antonela Nioi
- 8 jun
- 1 Min. de lectura

A veces, sucede que las personas nos aferramos y nos acostumbramos tanto al dolor que pensar en hacer algo diferente de lo que venimos haciendo, nos provoca resistencia. Incluso hemos construido “falsos progresos” e imagenes del yo “revolucionarias” a primera vista que, en sus efectos, nos dejan siempre en el mismo lugar, padeciendo.
La senda del deseo no es una senda fácil porque además, el deseo no es “lo que queremos”. A menudo, el deseo no es del orden del anhelo sino que es una experiencia un poco más conmovedora y que nos afecta directamente en el ser-en-el-mundo.
Desear y ser-en-el-deseo nos involucra, nos llama a firmar la palabra que decimos, implica pérdidas, duelos, trabajos que el padecimiento mantiene inhibidos. Requiere valor, coraje, entrega, apuesta, inquietud. Y el modo de llegar hasta ahí es difícil, costoso y nos desencaja de todo lo que creíamos que era alguna vez. Por eso es lógico que uno experimente miedo. Lo interesante es cómo trabajar en ello para que este no nos paralice sino que nos motorice.
En resumen, si crecer pudiera tener algún sentido, quizás refiera a este movimiento que provoca el deseo en una persona. Y no hablo de evolucionar sino de moverse y vivir pero desde una posición diferente a la del padeciente: el deseante.
¿Exploramos juntos ese lugar? Te acompaño.
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